Emociones – Cambio en positivo

Emociones, esas grandes desconocidas – Cambio en positivo.

vía Emociones, esas grandes desconocidas – Cambio en positivo.

 

Hoy comparto con vosotros un post de una compañera sobre las emociones. Me ha parecido interesante y lo reblogueo para que lo leáis.

Saludos,

Silvia Adame Fdez.

 

Las emociones son algo habitual en nuestras vidas ya que no hay un solo día en que nos libremos de ellas, de ellas se nutren también las películas, novelas, canciones… ¿pero alguien las entiende? Hay gente que ni siquiera tiene claro para qué sirven.

 

Ese es mi objetivo de hoy. Por una parte ayudarte a entender las funciones de las emociones y por otro intentar sacarles el máximo provecho.

 

Empezando por el principio la función principal de las emociones es darnos información. Responden a sucesos internos o externos, a veces son muy útiles y otras veces tenemos que conocerlas para no caer en sus trampas.

En general las más sanas responden a situaciones presentes. Por ejemplo, si la persona con la que he quedado llega tarde es normal que me sienta enfadada o molesta. Si un amigo me da una sorpresa y siento alegría… Hasta ahí ningún problema. 

A veces sentimos emociones al recordar situaciones pasadas o al imaginar situaciones futuras. Esto puede convertirse en un problema, si por ejemplo una situación pasada nos genera la misma emoción ahora al recordarla que en el pasado o cuando nos da por anticipar catástrofes que nunca van a ocurrir. En estos casos la emoción no cumple una función saludable por la fuerte intensidad y duración de la emoción; salvo en estos casos también estaríamos dentro de la normalidad.

La emoción es una combinación de sentimientos corporales y pensamientos. En terapia, la activación de las emociones es un requisito previo para poder cambiarlas y a veces es necesario después de experienciarlas poder crear un nuevo significado que nos permita seguir avanzando y no apegarnos a la emoción.

 

Si tuviéramos que resumir las funciones de las emociones serían las siguientes:

 

  •  La emoción nos informa de que algo ha sucedido
  • También informa a otras personas
  •  Nos prepara para la acción
  • Si ocurren respecto a una persona cercana, nos ayudan  a saber en qué estado está la relación con esa persona.
  •   Evalúan si las cosas nos van bien o no

No siempre nos gusta lo que sentimos pero es necesario prestar atención, es como si decidiéramos prescindir de uno de nuestros sentidos ¿a qué no lo haríamos a pesar de que no nos guste lo que vemos u oímos? Las personas que deciden ignorar esta información tienen muchos problemas interpersonales.

Un primer paso que te propongo es que para incrementar tu conciencia emocional realices un diario emocional. En él, 3 veces al día escribe la última emoción que has sentido y describe tu experiencia.

 

¿Qué nombre le darías a esa emoción? ¿Cuál es la emoción que aparece de forma más repetida en tu vida? ¿En qué duración e intensidad? ¿Qué sentiste en tu cuerpo? ¿Había algún pensamiento? ¿Hiciste algo o sentías la necesidad de hacer algo? ¿Qué situación la provocó? ¿Qué información te está dando?

 

Una vez que realices habitualmente este ejercicio tendrás el primer paso superado: serás consciente de tus emociones.

Un segundo paso muy importante es que distingas entre los distintos tipos de emociones que existen, no de todos nos podemos “fiar” igual, algunos ocultan y otros no dicen del todo la verdad.

Veámoslo:

  •  Emociones primarias adaptativas serían las que decimos que surgen en el presente en respuesta a una situación, son adaptativas.

  •   Si esta emoción en principio adaptativa se vuelve crónica, nos genera gran malestar…pasaría al segundo grupo, emoción primaria desadaptativa.

  • Las emociones secundarias serían aquellas que aunque aparecen en un primer lugar en realidad, al profundizar un poco más ocultan una emoción más real. Por poner un ejemplo un chico que le ha dejado su pareja por otro y esta enfadadísimo, parece normal ¿no? Pero ¿qué puede haber detrás de este enfado? ¿Quizá tristeza? Si nos quedamos en la emoción superficial probablemente no lleguemos a la tristeza que hay detrás.

  •  Un último grupo lo formarían las emociones instrumentales, su nombre viene de que las usamos como instrumento para conseguir algo, son a veces manipulativas y lo peor de todo es que la mayoría de veces no somos del todo conscientes de ellas; pero quizá si preguntas a alguien cercano sepa decirte un estilo emocional tuyo que le “saca de sus casillas”. Quizá llorar cada vez que te acusan de algo, quizá enfadarte y gritar cuando no te quieren dar la razón… Si son utilizadas con mucha frecuencia pueden generar rechazo en el otro al sentirse utilizado, sin saber nosotros muy bien por qué.

 

Cuando hemos llegado  a este punto y hemos sido capaces de saber ante qué tipo de emoción nos encontramos habremos alcanzado nuestro segundo objetivo de hoy: aprovechar la información que nos dan las emociones para saber cuándo guiarnos por ellas porque son auténticas y saludables y cuando necesitamos ser sinceros con nosotros mismos porque hay información que nos están ocultando.

 

Este es un largo proceso que requiere mucha práctica, pero espero que te animes a andar por el resbaladizo sendero de las emociones sin miedo a caer a veces porque si eres capaz de prestar atención al camino descubrirás cosas maravillosas.

 

Elena de Miguel

Psicóloga y coach

La ira no es la respuesta vía @epsicologia

La ira no es la respuesta vía @epsicologia Muchas personas reaccionan con rabia cuando se sienten amenazadas. Es un estado de alerta que genera adrenalina a través de la activación del sistema nervioso simpático para que podamos combatir lo que en un momento se interpreta como una amenaza.

En su acepción más positiva, la ira tiene como objetivo darnos fuerza para protegernos y poder sobrevivir. Pero muchas veces mostramos exacerbación cuando no la necesitamos. Esta emoción tiene muchas consecuencias a nivel fisiológico y de comportamiento: el pulso se acelera, el corazón late rápido, la respiración se agita; pero también conlleva que las personas a su alrededor se sienten incómodas, amedrantadas, con miedo y deseos de alejarse. Nadie quiere relacionarse con una persona que estalla de forma descontrolada y que dice y hace cosas que luego cuesta olvidar, y que en muchos casos condicionan el trato de por vida.

Lo que empieza en cólera acaba en vergüenza” BenjamIn Franklin

Esta forma de actuar tiene un claro desen­cadenante: el pensamiento. El iracundo está valorando el contexto como algo terrible, y sinceramente no lo es, salvo que detrás de usted corra un oso fiero. La cólera no es una respuesta eficaz para comunicarse. Así que olvide la idea irracional de que por las malas se consigue todo o de que hay personas que no reaccionan salvo que se les dé un grito.

El campo de las emociones es riquísimo: la tristeza, la frustración, la alegría, los celos o la pena. Tiene cientos de ellas. ¿Por qué ha elegido expresarse con furia? Si lo que necesita es desahogase, hágalo, pero no con este traje que le genera malestar a usted y a quienes le rodean. No existe ningún manual en el que se especifique que la ira es la respuesta idónea para expresarse cuando algo sienta mal.

También puede practicar el humor y contemplar la vida como un lugar más divertido. Que alguien le adelante por la derecha puede ser una amenaza o una situación cómica si se imagina a su conductor desnudo con un gorro de Papá Noel en la cabeza. ¿Va a cambiar su forma de conducir proyectando su rabia a través del cristal del coche? No, seguramente su estado de tensión le lleve a precipitarse en la siguiente maniobra.

Hay personas que muestran ira para escenificar su enfado. Como si la irritación fuera más real si se evidencia de forma violenta que si se escenifica con tranquilidad. Busque la causa y localice el motivo de su enojo. Y pregúntese: ¿el motivo justifica la respuesta? Si es no, piense con hoja de papel y lápiz delante en otras alternativas para enfrentarse a su enfado y resolverlo. Busque muchas, haga una tormenta de ideas, incluso basadas en el humor: ¿cómo pensaría y reaccionaría alguien que vive en la campiña, rodeado de pájaros y con un ritmo lento de vida? Ojalá consiguiera reírse mientras realiza el ejercicio. La risa relajará su sistema nervioso y podrá contemplar el momento desde un punto de vista más enriquecedor.

Una vez que tenga escritas todas las alternativas, léalas y decida, en función de su forma de ser, cómo le gustaría comportarse la próxima vez ante esta situación.

Si te enfadas, piensa en las consecuencias” Confucio

Igual no consigue actuar de esta forma alternativa inmediatamente, pero a base de interés y entrenamiento, seguro que en un futuro muy próximo consigue ir controlando poco a poco su manera de proceder.

Los consejos para controlar su ira y buscar otras alternativas más sanas para mostrar su enfado deben empezar por preguntarse cómo de amenazante es el motivo que lo genera. La valoración racional de la situación, contemplarla desde otra perceptiva, le dará una dimensión diferente.

Practique un idioma sereno. Lo que se dice a sí mismo le lleva a sentir de una forma determinada. Si no quiere experimentar furia, no se hable con términos como “horrible”, “no lo soporto”, “estoy hasta las narices”. Suavice y utilice expresiones del tipo “es desagradable, pero es pasajero”, “a veces esto es cansino”, “si tuviera que elegir, no sería esta mi decisión”.

Para conectarnos

PELÍCULA

‘Un día de furia’,

dirigida por Joel Schumacher y

protagonizada por Michael Douglas.

CANCIÓN

‘Cruz de navajas’

Mecano

Nos cuenta cómo los celos, el impulso

y la rabia nos llevan

a situaciones que no tienen vuelta atrás.

Trabaje su información propioceptiva. Exprésese lento, sonría a pesar de que no tenga ganas, exprese serenidad con los gestos de su cara y de su cuerpo, hable bajo y entone sin rabia. Adoptar la postura corporal y el volumen y tonalidad de una persona tranquila hará que su cerebro interprete que está en paz y mandará la orden de serenar el sistema nervioso.

Si la ira y el estado de enfado se mantienen en su vida como una constante en lugar de ser algo puntual, practique alguna técnica que le relaje: yoga, deporte, mindfulness, técnicas de relajación muscular. Cualquier ejercicio que le permita equilibrar el interior para ser paciente en el exterior.

Entrénese en habilidades sociales e inteligencia emocional. Entender los puntos de vista de los demás le permitirá ser más flexible y tolerante. Uno de los factores que nos llevan a ser irascibles es la falta de comprensión con los demás, o con los tiempos que manejan los otros, o con las formas de proceder. Entienda que no todos somos iguales, que llevamos ritmos distintos, que funcionamos de diferentes formas. Escuche por qué las personas actúan de otra manera y trate de entenderlos de forma sincera y de ponerse en el lugar de ellos. Igual esta otra visión le relaja.

Mejor ser prudente. Las personas irascibles creen que tienen el derecho a verbalizar todo lo que les pasa por la mente. A pesar de que ser sincero es una virtud, la sinceridad sin tacto es mala educación. No se crea con el derecho a decirle a todo el mundo lo que tiene que hacer y a dar consejos que nadie le ha pedido. Resérvese parte de información y quédese tranquilo, no reventará si no dice todo lo que piensa. Muchas de las personas bocazas terminan arrepintiéndose más tarde de lo que dijeron. Ahórrese este malestar.

Vaya sacando piedras de la mochila y no deje que se le acumulen los malos ratos. Resuelva problemas, tome decisiones, llame a quien le ofendió o con quien se siente ofendido y ponga en su agenda sonrisas en lugar de caras tristes. Pruebe a hacer este ejercicio: anote en una hoja todos los frentes que tiene abiertos y que le generan malestar. Al lado de cada frente anote cómo va a proceder, no lo que necesita de los demás para resolverlo, sino lo que usted tiene que hacer para cerrar esa carpeta. Ponga fecha y actúe. Y cuando lo solucione, ponga al lado un smile. Ahora tiene un motivo de felicidad y no una carga.

Practique actividades que le hagan sentir bien. La ecuación es sencilla. Si en su balanza hay más placer que obligaciones, se sentirá bien y a gusto. Se sentirá feliz, y las personas felices son menos agresivas e irascibles.

Tenga siempre en la mente una palabra clave: stop, tranquilo, slow… cualquier señal que lleve implícita la orden de parar, tomarse las cosas con calma, imprimir otro ritmo. Repítala y recuerde que siempre tendrá tiempo para dispararse si al final cree que es la mejor opción. Pero dese tiempo para analizar si otras posibilidades le harán sentir mejor, alcanzar otros resultados, sentirse cómodo con las personas.

Por cada minuto que permanece con rabia,

usted pierde sesenta segundos de paz”

Ralph Waldo Emerson

Y recuerde: usted no es globo, no hace falta que reviente cuando algo le pincha. Tiene capacidad para controlarse e inhibirse si así lo decide. Una de las consecuencias emocionales de las personas con ira es la sensación de falta de control. Son las situaciones las que los controlan a ellos.

Los coléricos pueden llegar a sobrepasar límites insospechados. Las consecuencias pueden ser muy peligrosas, no solo para el que recibe el ataque verbal o físico, sino para quien se emplea a fondo en este descontrol. No se deje arrastrar por arranques emocionales. Tener control es posible y está en su mano.

Los adultos son modelos de conducta no solo para los hijos, sino para cualquier adolescente o niño que les observa; también para otros adultos. Si aprenden que la ira es una forma de obtener poder, también querrán hacer lo mismo.

La ira no es la respuesta | El País Semanal | EL PAÍS.

vía La ira no es la respuesta | Consulta de Psicología | |Psicólogo Leganés Carabanchel Alcorcón Móstoles Getafe Fuenlabrada.

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Contenido seleccionado por, Carlos G. Torrico Psicólogo, para ePsicologia.eu

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